La economía de Mauricio Macri no deja de encontrar escollos, informa una nota publicada en Ambito Financiero esta semana, bajo el título: “A Macri, ni fondos extras le alcanzan”. Destaca la analista que el jefe porteño logró la aprobación de una suba de impuestos en todas las categorías y también en su momento el permiso para la emisión de bonos por 600 millones de dólares, y para la venta de lotes fiscales para aumentar la caja. Sin embargo, “esas ecuaciones no cierran hoy en las oficinas del Gobierno porteño”, afirma Ambito.
Por eso esta semana, la administración del PRO envió, esta semana, un proyecto de ley para lanzar otra emisión de deuda. A la vez, giró a la Legislatura aval para utilizar 300 millones por la venta de activos en otros fines.
Unos días antes, se conoció la decisión de los concesionarios de venta de automóviles de iniciarle un juicio a Macri por “la elevada presión fiscal” a la que consideran “confiscatoria”.
Incongruente Wipplinger
Más allá de los avatares porteños, que se tienen que bancar la administración que eligieron, las medidas que toma Macri tienen una resonancia especial en Misiones. Justamente, esta semana, el macrista local, Claudio Wipplinger, desde su órgano de difusión de doctrina, Primera Edición, protagonizó otro capítulo más de su cruzada en contra de los impuestos. Ahora suma la amenaza del éxodo de comercios a Encarnación. Ya no le alcanza con el mito Virasoro. No interesa si los datos objetivos refutan su intención de crear miedo o al menos un estado de inquietud. El inventario forestal revela que de 91 secaderos de madera que había en 2003, en la actualidad se registran un total de 250, con el mismo modelo fiscal, incluso Misiones “importa” troncos de Corrientes para abastecer a su industria. ¿Dónde está el éxodo?
Además de la antigua maña empresaria de vociferar contra los impuestos, Wipplinger no aporta argumentos al debate al que sostiene exclusivamente en criterios políticos. Parece un republicano de Reagan o de Bush en campaña. Lo que no advierte y debería tomar en cuenta es que su prédica, está a la sombra de Macri, así como estuvo antes bajo la significación de Cavallo y su Fundación Mediterránea.
Es cierto que Macri en 2007, desde el llano prometía bajar los impuestos y se mostraba en la foto junto a López Murphy que, era mucho más creíble. Es la etapa por la que atraviesa hoy el hijo de Wipplinger. Macri, dos años adelantado, hoy se la pasa de impuestazo en impuestazo y recurriendo al endeudamiento tipo los 90.
Se queja Wipplinger de los ingresos brutos, debería apuntar que Macri acaba de elevar alícuotas hasta un 22%. Llevó de 4,9 a 6 el impuesto a los restaurantes; al 3% las salas de juegos infantiles; al 15% las de recreación como video juegos; la telefonía celular al 6%; las agencias de turismo 4,5%; la venta de pan, que en Misiones está exenta, Macri le elevó la alícuota al, 1,5% al igual que la carne, el azúcar y otros productos comestibles. Eso sí, es más blando con los juegos de azar a los que le cobra el 8%, cuando aquí en Misiones es del 10% a pesar de las protestas de las derechas tradicionales del PRO, el peronismo federal y la neoderecha que encara la dupla Pastori-Spallanzani. El 3% cobra Macri al comercio en general, sin bonificación del 20% que existe en Misiones si se paga a término, incluso a los pobres talleres mecánicos les cobra lo mismo que a los negocios del patio Bullrich.
Instrumentalismo
no es pragmatismo
El contraste entre el hijo de Wipplinger y Macri se acentúa si se ponen en comparación los discursos de uno y otro en el momento. Macri ha lanzado a sus operadores para convencer a la opinión pública de que los porteños pagan pocos impuestos. Haciéndose los distraídos, los Wipplinger aquí, a través de la banca que tienen y el órgano de propaganda, andan pregonando las necesidades del Capital de bajar los impuestos.
¿Cuál es la verdadera cara del PRO?. ¿La que pugna por aumentar los ingresos del Estado como cualquier discípulo del neokeynesianismo y otras heterodoxias o el que pregona confusos pensamientos y amenazas para bajar los ingresos?.
Lo cierto y concreto es que Macri cuando era oposición y candidato, prometía bajar los impuestos. Es lo que prometen hoy los Wipplinger. El otro dato comprobable es que Macri, cuando llegó se olvidó de promesas y teorías de ajuste, gasta más y cobra más impuestos. Lo que no es comprobable es lo que pueden hacer los Wipplinger con el manejo de la caja.
Estos comportamientos generan incertidumbres. Apenas son giros pragmáticos pero no abonan nada a la filosofía pragmatista. El pragmatismo, aún en su versión anglosajona es un sistema de interpretación de la realidad, que así, simplificadamente, renuncia a la búsqueda de la esencia en la batalla por la verdad. Para Pierce, es un idealismo empírico que limita el conocimiento al comportamiento en serie de los fenómenos. Ni los Wipplinger ni Macri, nada que ver con estas teorías. Para ellos, hombres prácticos que ni saben que en sus comportamientos renuncian a la indagación de esa esencia, para ellos el manejo de las cosas es meramente “instrumentalista”. En el estado más puro de sus conciencias, lo bueno y lo ético es lo útil.