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17/07/2010
LA CUESTION IMPOSITIVA DESNUDA INCONSISTENCIAS EN EL PENSAMIENTO PRO Y A LA VEZ, LA DERECHIZACION DE LA UCR
Leemos que la curva de Laffer es uno de lo mitos “neoliberales” y agregamos que parece haber invadido el esquema referencial de Luis Pastori. ¿Qué se conoce por curva de Laffer? Esta curva representa una ecuación matemática que dice que, en ciertas circunstancias, bajar los impuestos puede hacer subir la recaudación fiscal del estado y que por el contrario, después de cierto punto, cobrar más reduce la recaudación. Si bien fue enunciada en 1974 y en una servilleta de papel, su comprobación forzada se dio en la era Regan y Bush padre. Se bajaron los impuestos y se recaudó más. Lo que deja afuera de la comprobación del enunciado de la curva, es el hecho de en esa realidad americana, es la derrota de la Unión Soviética y la expansión de Estado Unidos por la industria bélica y los inicios de la globalización financiera lo que hizo crecer la economía. La curva, que en el imaginario pastorista responde a la pureza de la academia, no es más que un mito y una herramienta para el lobby empresario. Está basada en el más absoluto predominio del Mercado sobre las regulaciones del Estado. Lo que explica la curva de Laffer no es que al bajar impuestos aumente la recaudación. Eso es una falsedad basada en una verdad parcial de lo que demuestra la Laffer. En el mejor de los casos es una falacia de la ortodoxia de la economía estática. Lo que dice la curva es que al aumentar impuestos se aumenta la recaudación pero que hay un momento, cuando los impuestos son excesivos, que los impuestos desincentivarán la actividad económica, haciendo contraproducente esta subida. Por lo tanto existe un punto óptimo, en el que se consigue la máxima recaudación y no se desincentiva la actividad económica. Lo que no dice la curva, porque no era el proósito de Laffer, es que en ese punto óptimo, los intrumentos de la ortodoxia económica no pueden determinar cómo influirá en la actividad el gasto del Estado, respaldado precisamente enla recaudación. Para diferenciarse de la derecha, Luis Pastori utiliza el anunciado de Laffer para sumarse al coro del Capital en contra del modelo fiscal. Pareciera no advertir que abreva en las teorías de esa derecha

La economía de Mauricio Macri no deja de encontrar escollos, informa una nota publicada en Ambito Financiero esta semana, bajo el título: “A Macri, ni fondos extras le alcanzan”. Destaca la analista que el jefe porteño logró la aprobación de una suba de impuestos en todas las categorías y también en su momento el permiso para la emisión de bonos por 600 millones de dólares, y para la venta de lotes fiscales para aumentar la caja. Sin embargo, “esas ecuaciones no cierran hoy en las oficinas del Gobierno porteño”, afirma Ambito.

Por eso esta semana, la administración del PRO envió, esta semana, un proyecto de ley para lanzar otra emisión de deuda. A la vez, giró a la Legislatura aval para utilizar 300 millones por la venta de activos en otros fines.
Unos días antes, se conoció la decisión de los concesionarios de venta de automóviles de iniciarle un juicio a Macri por “la elevada presión fiscal” a la que consideran “confiscatoria”.

Incongruente Wipplinger
Más allá de los avatares porteños, que se tienen que bancar la administración que eligieron, las medidas que toma Macri tienen una resonancia especial en Misiones. Justamente, esta semana, el macrista local, Claudio Wipplinger, desde su órgano de difusión de doctrina, Primera Edición, protagonizó otro capítulo más de su cruzada en contra de los impuestos. Ahora suma la amenaza del éxodo de comercios a Encarnación. Ya no le alcanza con el mito Virasoro. No interesa si los datos objetivos refutan su intención de crear miedo o al menos un estado de inquietud. El inventario forestal revela que de 91 secaderos de madera que había en 2003, en la actualidad se registran un total de 250, con el mismo modelo fiscal, incluso Misiones “importa” troncos de Corrientes para abastecer a su industria. ¿Dónde está el éxodo?

Además de la antigua maña empresaria de vociferar contra los impuestos, Wipplinger no aporta argumentos al debate al que sostiene exclusivamente en criterios políticos. Parece un republicano de Reagan o de Bush en campaña. Lo que no advierte y debería tomar en cuenta es que su prédica, está a la sombra de Macri, así como estuvo antes bajo la significación de Cavallo y su Fundación Mediterránea.

Es cierto que Macri en 2007, desde el llano prometía bajar los impuestos y se mostraba en la foto junto a López Murphy que, era mucho más creíble. Es la etapa por la que atraviesa hoy el hijo de Wipplinger. Macri, dos años adelantado, hoy se la pasa de impuestazo en impuestazo y recurriendo al endeudamiento tipo los 90.

Se queja Wipplinger de los ingresos brutos, debería apuntar que Macri acaba de elevar alícuotas hasta un 22%. Llevó de 4,9 a 6 el impuesto a los restaurantes; al 3%  las salas de juegos infantiles; al 15% las de recreación como video juegos; la telefonía celular al 6%; las agencias de turismo 4,5%; la venta de pan, que en Misiones está exenta, Macri le elevó la alícuota al, 1,5% al igual que la carne, el azúcar y otros productos comestibles. Eso sí, es más blando con los juegos de azar a los que le cobra el 8%, cuando aquí en Misiones es del 10% a pesar de las protestas de las derechas tradicionales del PRO, el peronismo federal y la neoderecha que encara la dupla Pastori-Spallanzani. El 3% cobra Macri al comercio en general, sin bonificación del 20% que existe en Misiones si se paga a término, incluso a los pobres talleres mecánicos les cobra lo mismo que a los negocios del patio Bullrich.

Instrumentalismo

no es pragmatismo

El contraste entre el hijo de Wipplinger y Macri se acentúa si se ponen en comparación los discursos de uno y otro en el momento. Macri ha lanzado a sus operadores para convencer a la opinión pública de que los porteños pagan pocos impuestos. Haciéndose los distraídos, los Wipplinger aquí, a través de la banca que tienen y el órgano de propaganda, andan pregonando las necesidades del Capital de bajar los impuestos.

¿Cuál es la verdadera cara del PRO?. ¿La que pugna por aumentar los ingresos del Estado como cualquier discípulo del neokeynesianismo y otras heterodoxias o el que pregona confusos pensamientos y amenazas para bajar los ingresos?.

Lo cierto y concreto es que Macri cuando era oposición y candidato, prometía bajar los impuestos. Es lo que prometen hoy los Wipplinger. El otro dato comprobable es que Macri, cuando llegó se olvidó de promesas y teorías de ajuste, gasta más y cobra más impuestos. Lo que no es comprobable es lo que pueden hacer los Wipplinger con el manejo de la caja.

Estos comportamientos generan incertidumbres.  Apenas son giros pragmáticos pero no abonan nada a la filosofía pragmatista. El pragmatismo, aún en su versión anglosajona es un sistema de interpretación de la realidad, que así, simplificadamente, renuncia a la búsqueda de la esencia en la batalla por la verdad. Para Pierce, es un idealismo empírico que limita el conocimiento al comportamiento en serie de los fenómenos. Ni los Wipplinger ni Macri, nada que ver con estas teorías. Para ellos, hombres prácticos que ni saben que en sus comportamientos renuncian a la indagación de esa esencia, para ellos el manejo de las cosas es meramente “instrumentalista”.  En el estado más puro de sus conciencias, lo bueno y lo ético es lo útil.



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