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17/07/2010
VARIAS LECTURAS PARA EL ESCENARIO LOCAL DEJA LA CONFIRMACIÓN DEL PROCESAMIENTO DE MAURICIO MACRI
La Cámara Federal porteña confirmó el procesamiento de Mauricio Macri y de los ex jueces José Luis Rey y Horacio Gallardo. Previsiblemente, el PRO salió como mastín enfurecido a culpar a Kirchner y al juez Norberto Oyarbide por la decisión judicial.
La primera lectura de las múltiples que tiene este fallo es que ya no se trata sólo de la opinión de un juez, por más sospechado que esté de ser afín a los Kirchner. Fueron tres jueces, todos con una vastísima experiencia judicial, y reconocidos por no tener vínculos con el poder político, los que fallaron contra Macri, Rey y Gallardo. Los jueces Freiler, Ballestero y Farah, integrantes de la Sala I de la Cámara Federal, no están incluidos en ninguna “servilleta”, como las que otrora blandía el menemismo con impunidad. La decisión de la Cámara Federal fue unánime; es decir que hay un total de cuatro jueces federales que encontraron indicios serios, graves y concordantes de que Macri lideraba una asociación ilícita destinada a escuchas ilegales, y de que Gallardo y Rey eran piezas fundamentales para concretar el propósito ilícito.
La segunda lectura es que las instituciones de Misiones funcionaron acertadamente, ante la negativa de los entonces jueces misioneros de colaborar con la investigación. Frente a jueces reticentes, seguramente conscientes de sus responsabilidades en estas acciones irregulares, el único camino que quedaba era destituirlos para privarlos de sus fueros y facilitar la acción de la Justicia. Ya no se trata de satisfacer el supuesto ego de Oyarbide, como dijo un exaltado defensor, sino de que tres jueces más consideraron pertinente ratificar el procesamiento de Gallardo y Rey, como partícipes de una asociación ilícita destinada a escuchar ilegalmente teléfonos de particulares.
La tercera observación -y casi un interrogante- que esta situación plantea, es el rol del ministro del Superior Tribunal de Justicia misionero, Humberto Schiavoni, que defendió a capa y espada a los jueces acusados, como integrante del Jurado de Enjuiciamiento, y votó contra su destitución. Viendo el video de la conferencia de prensa del PRO del jueves a la tarde (http://www.clarin.com/politica/confirmacion-procesamiento-Macri-Nestor-Kirchner_0_298770348.html), es fácil divisar -detrás del enfurecido Horacio Rodríguez Larreta, el presuntuoso jefe de Gabinete de Macri- al presidente de la Corporación del Sur de la ciudad de Buenos Aires, Humberto Schiavoni (h), cuya designación fue una suerte de tributo a la amistad que une a Macri con el ex gobernador misionero Ramón Puerta. Es decir, Schiavoni hijo da la cara para defender a Macri; y Schiavoni padre defiende como magistrado a los otros dos procesados en la misma causa. Es legítimo preguntarse si, al menos por una razón de delicadeza y decoro, el ministro Schiavoni padre no hubiera debido excusarse de participar como juzgador en una causa en la que su hijo tiene interés político y laboral.
Finalmente, la cuarta faceta de esta decisión judicial es el elemento que une a Macri, a los ex jueces misioneros y a los Schiavoni, esa extraña mescolanza que adquiere sentido cuando se menciona al ex gobernador Ramón Puerta. El efímero y huidizo presidente del Senado es quien vincula todos los elementos de la causa, obviamente sin estar involucrado en ella. Puerta fue quien designó a Schiavoni padre en el Superior Tribunal; Puerta es quien tuvo a Schiavoni hijo en su Gabinete y lo propuso como funcionario de Macri; Puerta fue quien defendió políticamente a Gallardo más de una vez, cuando arreciaban las acusaciones de dependencia política en su contra; y claramente Puerta es quien no sólo facilitó enormes obras en Misiones para Macri, sino que le facilitó su propia casa para que el actual Jefe de Gobierno porteño fijara fraudulentamente allí su domicilio electoral.
Es necesario, en algunas ocasiones, leer un poco más allá de los titulares, y extender la mirada hacia los costados menos iluminados de un cuadro que tiene a varios misioneros, desgraciadamente, como protagonistas de una verdadera red de intereses, destinada a sostener un aparato de inteligencia paraestatal, como el que investiga la Justicia Federal.
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