Leemos: “España es campeón del mundo. Y desde las tribunas personalidades de todo el mundo estuvieron en los palcos del Soccer City viviendo (y sufriendo) la final con Holanda. La “reina” Sofía lo vivió junto a su hijo Felipe, “príncipe” de Asturias, y su nuera, la “princesa” Letizia…Muy cerca de la “realeza” española estuvo precisamente la “realeza” holandesa, con el “prínicipe” Guillermo y su esposa, la “princesa” Máxima Zorreguieta”.
Habíamos leído antes: la “familia real” de Holanda es la más rica de Europa y tiene un patrimonio estimado en 4 mil millones de euros, recibe del Tesoro holandés 40 millones de euros por año. En lo que respecta a la “casa real” de España se contentan con alrededor de 9 millones de euros por año. Los comentaristas explican que, sin los fondos públicos, las familias reales no podrían hacer frente a los gastos de seguridad, de mantenimiento de los palacios y de viajes al extranjero.
¿Qué es para nosotros, argentinos, sudamericanos, una princesa, una casa real, o la realeza?
Desde 1813, Nada. No son nada. Y sin embargo…allá, en el Viejo Mundo, sobreviven al siglo XX y han entrado en el XXI, “familias reales” en ocho países: Reino Unido, Holanda, Dinamarca, Bélgica, España, Suecia, Luxemburgo y Noruega. Monarquías constitucionales y democráticas. Dicen.
Nos preguntamos ¿qué hace un rey? Y leemos en Wikipedia: El Rey de España es el jefe de Estado de España, símbolo de su unidad y permanencia, a quien corresponde arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones y representar a España, además de detentar las funciones que le atribuyan expresamente la Constitución y las leyes. Es también capitán general de los Ejércitos y ostenta el Alto Patronazgo de las Reales Academias. La Constitución Española trata la Institución de la Corona, la persona del Rey y sus funciones en su Título II, que comprende los artículos 56 a 65. En la actualidad el Rey de España es Juan Carlos I de Borbón. Específicamente se puede enumerar las siguientes funciones como las más representativas e importantes de cuantas corresponden al Titular de la Corona: Sancionar y promulgar las Leyes pese a haber sido ya aprobada por las Cortes Generales (Congreso); convocar y disolver el Congreso y convocar a elecciones en los términos previstos en la Constitución. A propuesta del Presidente del Gobierno el Titular de la Corona tiene la potestad de poner fin anticipadamente al mandato de Senadores y Diputados, bien ambas Cámaras o una sola de ellas, expidiendo un Real Decreto de disolución, que además deberá precisar la fecha de las elecciones, que también al Rey (o Reina) corresponde convocar, sea por este motivo o por la expiración natural del mandato de las Cámaras. Proponer al Congreso de los Diputados el candidato a la Presidencia del Gobierno, nombrarlo y cesarlo, en los términos previstos en la Constitución. Declarar la guerra y hacer la paz, previa autorización de las Cortes Generales.
Leemos también que esta “familia real” desconoce la independencia de sus colonias en alta mar. Su título le da todavía potestad de “rey” en las “Indias Occidentales”. Por eso había sido, se tomó la atribución de mandar a callar a un presidente latinoamericano. También se cree rey de las Indias Orientales, Dos Sicilias, de Gibraltar y de Córcega, además de sentirse “señor”, como en la Edad Media y archiduque de Milán, de Austria, de Habsburgo, de Flandes y de Atenas, entre otros tanto dominios. ¡Flor de kilombo! puede armar si le ocurre ejercer en esas tierras sus atribuciones y mandar callar a Berlusconi, a Sarkozy o simplemente al nacionalista austríaco Jörg Haider, antes de que muriera misteriosamente en 2008 cuando era perseguido por la Mossad
Vimos: el domingo 11 la final del campeonato mundial de fútbol junto a las princesas en los palcos. Un partido con los ingredientes de cualquier otro partido. La misma pasión, el mismo entretenimiento y todo el flolklore dentro de la cancha y en las tribunas. Es el espacio reservado para los futboleros, los que pagan entrada para ver a River, a Boca, a Vélez, a Guaraní, a Crucero del Norte. Los que miran todos los partidos que transmite el Fútbol para Todos. Sabrán, los futboleros sabrán, si España tuvo el mejor equipo en el campeonato, si Maradona es buen técnico y su hubiese sido mejor que Verón entrara de titular en el partido con Alemania, para que Messi juegue adelante, como suele hacerlo en el Barcelona. Sabrán, los futboleros sabrán, si Verón puede asistir a los delanteros como lo hacen Xavi e Iniesta. Es lo que saben o al menos discuten con propiedad los futboleros, los amantes del fútbol, los que se entretienen mirando hasta un picado en el barrio y recuerdan goles, momentos y jugadas de hace mucho tiempo. En este Mundo de lágrimas, en este pasaje por la Vida, el ocio es una conquista de las sociedades modernas. Y el fútbol, como todos los deportes es esencialmente eso, un servicio para el ocio, un entretenimiento. Algún sociólogo con abordaje psico podrá aventurarse a defender el fútbol, como toda práctica deportiva como un puente entre generaciones. Muchos padres habilitan opiniones de sus hijos en el análisis y los sentimientos deportivos, cuando los mandan callar en otros asuntos. “Viejo, a mi me gusta Palermo”, puede ser la riesgosa confesión de un adolescente a un padre amante de los toques sutiles que en estas tierras tuvieron, Alonso, Bochini, Riquelme, y hoy nos han robado los españoles. Todo eso y mucho más vimos el domingo, como en muchos domingos. Allí estaba subyacente en las gambetas de Iniesta, en las del sevillano Navas semejándose con sus desbordes a Bertoni, al Burrito Ortega, al mellizo, la esencia del goce futbolero. El domingo Holanda se decidió por la prosa y puso en juego en esa final, más que un resultado, el debate por el modelo.
Vimos: el domingo 11 y antes, el martes 6, a Máxima Zorreguieta en un palco de una cancha de fútbol. Leemos: La princesa de Holanda, Máxima Zorreguieta, estuvo en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo y festejó la clasificación del seleccionado europeo para la final del Mundial de Sudáfrica 2010 tras vencer a Uruguay por 3 a 2. Máxima, quien nació en la Argentina, estuvo acompañada en el palco por su esposo, el príncipe Guillermo. Máxima parece que “nació” de casualidad en la Argentina. La vimos: como a cualquier “princesa” moverse sin sutilezas, con las caderas rígidas, sin ondulaciones. Decorosamente. ¿Representa Máxima a la mujer argentina? Diría que No. No a la gran mayoría de las mujeres argentinas, más de la mitad con las necesidades básicas ahí, por debajo, o ahí, llegando justo a la próxima changa, para alimentar a sus hijos. No. Máxima no representa a la mayoría. Tampoco a la clase media que debe pelear su vida de otra forma porque no alcanza con una sonrisa. María Herminia Avellaneda, que esto sabía y mucho, se rebeló a la educación de esa clase que se cree patricia, para agradar, resumida en las “3 S”: La mujer debe ser sensible, sumisa y servicial. Para casarse, desde luego. Así, llamándola sólo por el nombre ¿representa Máxima el sueño inconfesado de la mujer argentina? Puede ser de una clase, de esa clase que se cree patricia. Es hija de su padre. Recordemos, desde 1960 Jorge Zorreguieta desempeñó diversos cargos en las organizaciones patronales argentinas pertenecientes con los grandes propietarios de tierras. Fue Secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, de la Sociedad Rural Argentina, y presidente de la Comisión Coordinadora de Entidades Agropecuarias, el antecedente de la Mesa de Enlace que en estos tiempos anda destituyendo. No crean que su desprestigio, por no haber sido invitado a la boda de su propia hija, a esa que le hizo creer que su destino era de una princesa, le hizo mella. Zorreguieta, desde 2008, es presidente del Centro Azucarero Argentino (CAA) y presidente de COPAL (Coordinadora de la Industria de Productos Alimenticios), que anda conspirando junto a Clarín. Puede que Máxima exprese las pretensiones de la hija de la senadora Estenssoro, pero no es el arquetipo argentino. Cuando un padre cariñoso le dice “princesa” a su hija, no remite a Máxima, o a la más mundana Letizia. Cuando un padre arrulla a su hija y le dice “princesa” le está confesando que está dispuesto a cuidarla siempre, a hacer todo lo que pueda para dejarle como herencia su amor, dejarle sus frustraciones por no haber logrado la utopía de un Mundo mejor. No, no. Máxima no representa los sueños de las argentinas, ni la de las madres de las niñas argentinas. Cuando un padre le dice “princesa” a su hija, está pensando en las mujeres de la Patria. Desde Juana Azurduy a Evita, en Hebe, en Estela Carlotto, o sencillamente en María, en la mujer que merece vivir y amar como otra mujer del planeta, aunque apenas aguante. Cuando un padre le dice “princesa” a su hija no piensa en la decadencia europea, sino en las ganas de esa María eternizada por Mercedes Sosa, la María princesa que posee la extraña manía de creer en la vida. Las princesas argentinas son aquellas preparadas para continuar las luchas de sus madres y sus padres, de las Madres y las Abuelas. El fútbol para ellas es una fiesta, se gane o se pierda. El fútbol para las princesas argentinas, es del pueblo. No dejarán que esa fiesta, globalizada por los negocios de la FIFA, sea apropiada por las “casas reales” o falsas princesas de películas pochocleras.