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28/02/2010
EN LA BATALLA POR LA OPINION PUBLICA EL DIARIO PRIMERA EDICION VOLVIO A SINCERAR SU POSICIONAMIENTO COMO OPOSICION POLITICA
La familia propietaria de “Primera Edición” volvió a blanquear la identificación ideológica del medio, y su posicionamiento político en el amplio espectro de las oposiciones al Gobierno. El sábado 28 el único diputado provincial del macrismo, Claudio Wipplinger, asumió la defensa del diario respondiendo a críticas que había formulado el día anterior el gobernador Maurice Closs. Esta decisión, la de revelar la identidad del diario con un partido político, no puede ser casual. No hay ingenuidad en los Wipplinger. Por lo pronto, este sinceramiento, que no deja de ser saludable para la sociedad, tuvo un hito fundante en marzo del año pasado. En plena campaña electoral, en su edición del sábado 14 de ese mes, ya revelaba el alineamiento del diario en una posición “anti”. En una noticia publicada en lugar privilegiado, desnudaba que todo el arco opositor se había reunido en la casa del “presidente” de Primera Edición, José Wipplinger, que entonces promovía la conformación de un frente único de oposición al gobierno. De esa manera ya transparentaba la línea editorial, dramática y grandilocuente, que sigue bajando el matutino. Continua

 

 

Por Carlos A. D´Onofrio.- No es nueva la tendencia del periodismo de analizar su propio funcionamiento. La relación de los medios con la política y el poder es un ejercicio permanente mucho antes de que los Kirchner decidieran dar batalla en contra de la hegemonía del discurso, centrada en el Grupo Clarín. Buscando antecedentes, es inevitable citar el  célebre el dictum de Jefferson de que prefería unos periódicos sin gobierno a un gobierno sin periódicos, pero para poner el acento un hecho que está silenciado. Andando en el tiempo, habiendo pasado ya por la experiencia de gobernante de los Estados Unidos, Jefferson  hubo de cambiar drásticamente de opinión, al sostener que la prensa no contenía más que mentiras y que una persona que no lee jamás los periódicos está mejor informado que otra que no haga con frecuencia.

Naom Chomsky, desde sus vivencias americanas, y  Umberto Eco, desde sus padeceres europeos, han advertido sobre el peligro que significa para las democracias el poder de manipulación que tienen los medios.

El pensador francés, Jean Francois Revel,  que dirigió durante dos décadas el diario L´Express, advirtió, en un curso que dio en Buenos Aires en 1998 sobre el abuso de la prensa. “Tenemos el derecho y el deber de criticar al poder –dijo- pero también debemos saber recibir críticas. La oposición sistemática no es menos democrática que la aprobación sistemática” subrayó leyendo bien la realidad argentina.

La existencia de campañas destituyentes tiene una profusa literatura. En las universidades argentinas se estudia la metodología de acción psicológica instrumentada a través de Primera Plana para debilitar el gobierno de Arturo Illia. Se basaba en la simplificación de dos opciones: se presentaba al presidente con una visión irreal, simplista, provinciano, indeciso y se creaba la contrafigura de responsable, serio, decidido en el general Onganía. También es objeto de indagación académica la campaña en contra del PSOE en los tiempos de Felipe.  El poder económico, el PP y medios tomaron partido furibundamente en contra del gobierno socialdemócrata. Periodistas estrellas llegaron a organizarse en una llamada Asociación de Escritores y Periodistas Independientes, que pasó a la historia como el “sindicato del crimen”.

Entre nosotros, Julio Humada fue el primer político con poder que salió a enfrentar decididamente a la prensa. Fue célebre su calificación de Doble “A” para criticar al director y el editor de la sección política del diario decano de Posadas. La desmesurada comparación con la organización paramilitar, tenía el propósito de disputarle al medio su influencia en la sociedad. Es la batalla cultural. La lucha por la opinión pública, para definir bases para el sentido común.

Esta lucha por “el relato” es la que desoculta las intenciones de Primera Edición y su sinceramiento como órgano de las derechas. Se entiende que un periodismo aséptico es inconducente desde la lógica partidaria. La búsqueda de “la verdad” o de verdades no siempre podrían ayudar a sumar votos al macrismo. No se entiende de otro modo la decisión del diputado Wipplinger de confundir explícitamente su prédica política con la prédica del diario dirigido por su hermana Marlene y presidido por su padre José.

Normalmente responder a los periodistas es jugar como visitante y con el árbitro en contra. El diario siempre se queda con la última palabra. ¿Por qué entonces se arriesga Closs a un debate desparejo?  Evidentemente, para no renunciar a esa lucha por el relato. Lo ayuda que en Misiones no existen los monopolios de opinión como los que enfrentan los Kirchner y también enfrentaron los presidentes anteriores. Hay que recordar las batallas de la Alianza en contra de la “tinellización” de la política y que Menem, después de consagrarse por segunda vez como presidente, en el palco del triunfo dijo “le he ganado a Clarín y otros medios”.       

 

Defraudación

Es en este contexto en el que el lector de un diario que se dedica a hacer política puede terminar defraudado. Hay una sensación generalizada de que la batalla por los votos, deja pocas oportunidades para  discutir sobre el fondo de las cuestiones centrales para la provincia.  Cuando la  mayor parte de la información está centrada en diferentes interpretaciones de las acciones de gobierno, en poner en sospecha permanentemente las intenciones del gobernador, se renuncia a lo fundamental de la crítica entendida como  la práctica de desocultar. Todo lo contrario, la palabra se limita a imputaciones  Esa práctica simplista, de campaña permanente,  no se opone a lo tangible sino a lo inmaterial.

El método de las campañas, renuncia también a la discusión conceptual sobre las  medidas del gobierno para eventualmente rechazarlas, sino que son rechazadas porque se ponen en sospecha su verdaderas intenciones.  Este lugar puede ser efectivo para debilitar imágenes,  pero es más propio de los políticos de trinchera ya que no se propone  defender o criticar ideas o definir  proyectos de provincia. Nunca terminan de revelar lo que realmente proponen. Con un tono de   tribunos denuncistas, descubren la existencia de pobres,  pero no dicen cómo crear trabajo, ni qué responsabilidades tienen los capitalistas en la configuración de una pobreza estructural. Denuncian el gasto público, pero no profundizan en los efectos de los subsidios al Capital, como los que recibe el sector transportista. Denuncian la caída del nivel de compra de los salarios, pero no analizan las verdaderas causas de la inflación ni las responsabilidades que tienen los formadores de precios.  Denuncian la caída de los precios de los productos primarios del agro misionero, pero silencian las opresiones al interior de las cadenas sectoriales como en el sector foresto-industrial. Denuncian desde un presente fotografiado, pero eluden los procesos del pasado reciente para evitar complicidades.  

En esta pulseada por la opinión pública hay una cuestión de fondo que puede explicarse en forma global en el espejo nacional  y en la dicotomía modelo antimodelo. Pero,  ¿pueden replicarse en Misiones las movidas de las derechas en el orden nacional? Por lo pronto hay intentos desembozados en las operaciones que se realizan desde los medios como Primera Edición que pertenecen al poder económico en la provincia. Revelan, sin embargo, en su mecanicismo conceptual un acríticismo irrealista. ¿Quién expresa en Misiones los mismos intereses de Biolcati o de Techint? ¿Dónde están los fideicomisos sojeros? Las relaciones de producción en Misiones impiden, desde la base, replicar la misma naturaleza del poder económico concentrado. La existencia de 30 mil chacras, 17 mil yerbateros, 19 mil tabacaleros, 5 mil tealeros, 900 aserraderos y 12 mil feriantes, entre otras pequeñas unidades productivas, definen una estructura económica que, objetivamente, tiene intereses más vinculados al Trabajo que al Capital, se ve más favorecida con las instituciones democráticas que con los regímenes autoritarios. Es cierto que el poder de compra de Alto Paraná puede disciplinar a productores, que cinco molinos tienen capacidad económica para someter a los productores primarios. Y también es cierto, que a través de infiltrados y gerentes, aparezcan en los partidos populares defensores de los monopolios y que los tractorazos y la creación de organismos reguladores terminen favoreciendo a los molinos. Pero nunca podrá el poder económico sumar a esos productores a la misma lucha cultural. No se les puede mentir todo el tiempo, la continuidad del sistema republicano y representativo de gobierno va dejando enseñanzas. Los abrazos de los terratenientes vinculados a los negocios financieros de la Sociedad Rural, con los medianos de las Federaciones Agrarias y con los pools de exportación sólo pueden replicarse en Misiones entre dirigentes de superestructura sin capacidad de convocatoria. La misma restricción existe para una unión neoconservadora. No es un dato menor que leyes fundamentales para el proyecto socio-económico que expresa el closs-rovirismo hayan sido respaldadas por el voto unánime de todo el arco de representación parlamentaria. Cabe mencionar la ley de Tierras; la creación de una empresa estatal para explotar y regular el agua; la salubridad en las empresas celulósicas; la provincialización de la toma de decisiones en los ríos; los fondos para la soberanía alimentaria y la energía alternativa; el envasado en origen, la enseñanza plurilingüe; entre otras, para descubrir que hay poco espacio para los planes hegemónicos de las derechas misioneras. Incluso, ante los efectos de la crisis de los mercados internacionales, críticos del modelo fiscal empezaron a reconocer las virtudes de sostener impuestos a los sectores del Capital.

El diario, cualquier medio, tiene el derecho y el amparo constitucional de expresarse libremente, y desde esta perspectiva plural no hay nada censurable en la línea editorial de Primera Edición. Pero también se debe comprender la necesidad y la responsabilidad del gobierno de desarrollar un discurso dador de sentido a las medidas que toma.



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