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26/02/2010
MITO Y VERDAD DE LAS COMISIONES LEGISLATIVAS
La desmesurada atención política que se está dando al debate por la distribución de cargos en las comisiones del Senado de la nación, es desnudada por el periodista Jorge Varela. Como entendido en procedimientos parlamentarios, destaca que el poder de decisión en el Senado lo tiene el plenario de los 72 legisladores que, pueden aprobar o no un dictamen mayoritario de sus comisiones, pueden devolver a comisión los proyectos, y pueden relativizar todo el procedimiento previo. Poniendo en su real dimensión la pulseada por los cargos, subraya que, al momento de las decisiones definitivas, el pleno del Senado puede hasta eliminar sus comisiones.

Por Jorge Alejandro Varela.- La publicitada  -y fracasada-  unidad opositora en el Senado, para quedarse con la mayoría de las Comisiones legislativas del Cuerpo, obliga a analizar cuál es la real importancia de tener mayoría y Presidencias de Comisión en un cuerpo deliberativo.

La palpable demostración de impotencia del conglomerado opositor para poder siquiera formar quórum propio, es decir para habilitar al Senado a sesionar válidamente, es una muestra de lo relativo de la importancia de las Comisiones. Lo que vale, lo que cuenta al momento de aprobar normas, son os votos en el recinto.

La oposición (“izquierda y derecha unidas”, dijo Pichetto, el representante del oficialismo en el Senado), trazó un hábil plan comunicacional para instalar en el imaginario colectivo de los argentinos la idea de que  -“por fin”, dirían los críticos del kirchnerismo-  el oficialismo sería derrotado en una votación y perdería el “control” (nunca más entrecomillado) del Senado de la Nación. Obviamente, la “gran prensa” argentina se sumó a la operación político-mediática, y salió a batir parches con la anunciada derrota del Gobierno en el Senado.

Ahora bien, los números responden a la cruel lógica de la matemática, que siempre es una ciencia exacta. Sobre 72 senadores, 37 es la mayoría, y claramente los opositores, pese al juramento e incorporación de la senadora Norma Morandini al Cuerpo, no tuvieron mayoría para garantizar el quórum. El retiro de los senadores afines al kirchnerismo los derrotó, al frustrar la supuesta sesión victoriosa del conglomerado opositor.

En el estricto plano de las realidades, el “control” del Senado lo tiene el bloque más numeroso, y en lo formal, su Presidente, que es el Vicepresidente de la Nación. Puesto en términos de la actualidad política, el Presidente del Senado es Julio Cobos, con lo que ejerce una razonable discrecionalidad en la administración del Cuerpo; y para algunos asuntos políticos, requiere del asentimiento del bloque que más senadores tiene, que es el oficialismo. La supuesta mayoría opositora, bueno es precisarlo, no pertenece a un solo bloque, sino que une a legisladores no sólo no afines, sino reconocidamente enfrentados ideológicamente. Sin duda, poco tienen que ver un “lilito” o un socialista con el ex candidato a vicepresidente de Carlos Menem, Juan Carlos Romero. Sintéticamente, el “control” del Senado está en manos de la oposición, sector al que Cobos adscribe fervorosamente.

Pero yendo al entramado fino del asunto, la cuestión de las Comisiones tiene más importancia técnico-legislativa que política. De qué sirve ser Presidente de una Comisión?, y la respuesta es simple: para ser el que conduce las reuniones, el que firma primero el dictamen que se aprueba, en tener eventual doble voto en el hipotético (e improbable) caso de un empate en la votación, y de figurar en los medios como “el más entendido” en un tema. Para qué sirve la mayoría en una Comisión?, para sancionar un dictamen de mayoría, que es el primero en ser tratado en el recinto; para decidir el temario de las reuniones; y para regocijarse con ese logro módico ante los medios.

Lo cierto es que, al momento de los bifes, el plenario del Senado (es decir, los 72 legisladores puestos en sus bancas), pueden aprobar o no un dictamen mayoritario de sus Comisiones, pueden devolver a Comisión los proyectos, y pueden relativizar todo el procedimiento previo porque, al momento de las decisiones definitivas, el pleno del Senado puede hasta eliminar sus Comisiones.

En Misiones, en los pretéritos tiempos del bipartidismo parlamentario, la mayoría siempre cedía a la minoría la Presidencia de la estratégica Comisión de Acuerdos, segura  -como estaba-  de que al momento decisivo, la famosa sentencia de San Agustín (“la única verdad es la realidad”), se impondría con los números en el recinto.

La más reciente “operación de prensa” del antikirchnerismo cayó bajo la ineluctable sentencia agustiniana.



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