Por Carlos A. D’Onofrio.- El fallo de la Justicia Electoral, confirmando la consagración de Ramón Puerta como diputado nacional por las minorías, ayuda a definir escenarios políticos futuros que ya no sólo son posibles, sino también muy probables en la provincia. Todo preanuncia que Puerta redoblará la apuesta y será candidato a senador en 2011 y encabezará entonces, una de las listas en las elecciones en las que, también se elegirán gobernador e intendentes. Con la chapa conseguida por su conductor, el puertismo se consolida como un actor imprescindible en la política misionera. Desde un abordaje circunscripto a la competencia electoral, se dice que Puerta es funcional a Closs y Rovira ya que su postulación es una garantía de fraccionamiento del arco de las oposiciones. Pero desde un abordaje más conceptual, referido a la esencia de la política que confronta modelos o pensamientos en la forma de organizar las relaciones sociales, el puertismo trasmuta de actor de reparto o secundario en actor de soporte del protagonista. El puertismo es el “otro” que, si no estuviera ahí, la doctrina del el closs-rovirismo tendría grandes dificultades en definir su propia significación. La defensa del puertismo de la economía de mercado es lo que otorga sentido e historicidad a la transformación de un Estado regulador que promueve la renovación. La defensa que hace el puertismo de la teoría del derrame para generar empleo potencia el sentido de un Estado que con intervención y políticas activas pretende mejorar la distribución del ingreso. La defensa que hace el puertismo del modelo fiscal de los 90 subsidiando al Capital resignifica el modelo fiscal del closs-rovirismo que, invierte la lógica del desarrollo. Estas diferencias en pugna a la vez de reforzar las identidades, fortalecen el debate democrático. Precisamente, la otra lectura que deja la consagración de Puerta es la aparición de un espacio político capaz de confrontar con el Gobierno, no ya desde la denuncia crónica y meramente mediática, sino desde el aporte de ideas y la construcción de una alternativa de poder. Claro que la evolución del espacio está asociada a su posibilidad de organizarse para trascender a su propio conductor. De lo contrario, Puerta seguirá siendo uno más de la constelación de solos y solas en que se ha convertido la política misionera como la argentina después de implosión del 2001 que puso en crisis la representatividad como categoría democrática. Carrió, Cobos, Reutemann son figuras que tienen más sostén en los sets de televisión que en las organizaciones sociales. Aquí en Misiones, las mismas caras se parecen a Marianito Díaz, Pablo Tschirsch y Lucho Viana, por mencionar algunos de los intentos vernáculos del menguado poder de los medios.
Escenarios y candidaturas
Es en este contexto en que el escenario electoral 2011 quedaría ya marcado por la inexorabilidad de la candidatura de Puerta al Senado. Sería entonces el cabeza de lista del puertismo que, tiene ya un candidato a gobernador explícito, en Tschirsch. El ex vice de Rovira, después de la inesperada derrota en 2007 con todo el apoyo de la Casa Rosada y la Embajada de Estados Unidos volvió a fracasar. El 28-J perdió 80 mil votos. Si se tiene en cuenta que en Misiones como en la Argentina las "figuras" que pierden una elección no se recuperan, Tschirsch que perdió dos, aparece entonces bastante devaluado, situación que se potencia en su discurso acotado a la denuncia crónica y acrítica contra un gobierno al que perteneció. Por eso no hay que descartar un candidato alternativo. Los movimientos de Puerta hacen presumir que Humberto Schiavoni puede ser el nominado. Opuestamente al pastor bautista, lejos de ser un lengua fácil, es dueño de un discurso sólido y programático, fundamentado en una cosmovisión marcadamente desarrollista. Además de cargar con una larga trayectoria de gestión, tiene aceitados contactos con otras fuerzas opositoras, fundamentalmente con la presidenta del comité provincia de la UCR, María Losada. Tiene lazos además con todo el mundo empresario, provincial y nacional. Puerta, Tschirsch, Schiavoni, tienen en sus trayectorias su propia significación política. Precisamente, es esta significación, ya inocultablemente anclada en el conservadurismo -aunque logre arrastrar a los Losada en una alianza- la que garantiza la fragmentación del arco que integran las oposiciones.
Pero hay otro dato sustancial para el análisis. Además de las identidades propias, las principales fuerzas en la oposición en la provincia, tienen además una marcada dependencia del orden nacional. Los alineamientos provinciales determinan una correspondencia con los partidos nacionales. La UCR tironeada entre su organicidad y el cobismo como construcción del poder a través de los medios, aunque se tiente en la provincia a conformar una alianza anti-renovación, estará condicionada a lo que haga Cobos. Pero resulta que el vice no tiene la iniciativa en este juego. Cobos depende directamente de lo que pase en el pejotismo. Tiene que esperar. La impasse peronista lo condiciona, como condiciona todo el mapa político. Concretamente: si el peronismo disidente, o conservador, o duhaldista, no logra la conducción formal del pejota, se convertirá en el eje de una alianza de centro derecha en la que se pondrán en tensión las oposiciones de Macri; Solá; de Narváez; Reutemann y referentes territoriales. Cobos estaría obligado a disputar el liderazgo del espacio. En el caso en que el duhaldismo se haga del sello oficial del pejota, las alternativas opositoras tenderán a conformarse alrededor de un panperonismo y un panradicalismo. Este escenario someterá a Cobos a los condicionamientos del partido. Pero en este dibujo de las alternativas opositoras, faltan además las significaciones más orgánicas expresadas, no ya en figuras sino en dirigentes como Binner y el socialismo, Stolbizer y el radicalismo principista en la diáspora, Lozano con Solanas del Proyecto Sur. Este contexto -marcado por tensiones subyacentes entre personalismos y antipersonalismos- y al que falta sumar las alianzas del kirchnerismo ampliado, demuestra que en realidad, aunque Puerta no sea candidato, la fragmentación del arco de la oposición existiría igual. El 70% no kirchnerista en el orden nacional y del 50% no renovador en el orden provincial, es consecuencia sí, de los personalismos, de la política cara a cara, pero también en esencia del renacimiento de la pluralidad de las organizaciones sociales y políticas. Las categorías propias del bipartidismo, de las dos veredas, características de la política argentina hasta la crisis de 2001, no se superarán con un retorno al futuro sino en una síntesis dialéctica.